jueves, 14 de mayo de 2015

Por María Alejandra Labrador

En la noche del 29 de enero una felicidad abrumaba mi mente, pensaba en cosas maravillosas; como dicen popularmente soñar no cuesta nada; alegría, esperanza y sorpresas ligadas con el amor causaban diferentes sensaciones en mí, sabía que la noche siguiente del día 30 de enero sería muy especial; al fin, el tan anhelado concierto se haría realidad, había soñado hacía mucho tiempo con eso, pero por razones ajenas a mi voluntad nunca se podía, para mi sorpresa recibí un gran regalo y era la entrada del concierto. ¡Sí! Lo consideré una noche mágica, pues se presentaría mi banda favorita, Guaco, y me preparaba para bailar; por supuesto, no era la única, muchas personas a mi alrededor comentaban lo mismo, noche de baile y fiesta. Me preguntaban: ¿Con quién irás? ¿Qué entrada compraste? ¿Dónde nos vemos?, eran cuestiones que rondaban mis oídos en el bodegón, lugar donde trabajaba. Por mi parte pensaba que iría sola y me lo iba a disfrutar, quizás encontraría personas agradables en mi mesa o no, pero quién dijo que la soledad era mala; la verdad, nadie. 

Ese viernes salí contenta de mi trabajo, me había ido de maravilla; a pesar que estar agotada era significativo, quería comer y descansar. Escuché un par de canciones y me dispuse a irme a casa. 

Al llegar, mi madre comenta: ¿cómo te preparas para el día de mañana?, ya que es tu gran acontecimiento, como acostumbras a disfrutar de tus cosas; a lo que le respondí: madre, la verdad estoy ansiosa, primero no esperé que me regalaran la entrada y segundo aunque soñar no cuesta nada, ojalá pueda conocerlos de cerca, sería magnífico. Organicé todo y me fui a mi cama. En ese momento, mi mamá exclama dos veces, sin pensarlo, los sueños se hacen realidad.

Revisar mis redes antes de dormir es obligatorio, muchas personas me comentan que no es lo conveniente, dejé un par de comentarios expresando mi emoción por el concierto y me dormí.

Al día siguiente, bien tempranito, sonó mi teléfono como de costumbre, era mi amiga comentándome que no iría al trabajo debido a nuestros horarios, luego veo un aviso, tenía un nuevo seguidor en mi red social, y para iniciar mi día con la tan anhelada noche mágica que esperaba, era uno de los de mi banda favorita que ahora estaba entre mis amigos. Con felicidad y una enorme sonrisa me dispuse a trabajar.

Al caer la tarde me vestí y me fui al concierto. Veía a la gente llegar con sus parejas, anhelaba disfrutar, pasarla bien y, bueno, que quien me regaló la entrada pudiera compartir conmigo esa noche.

La gente estaba emocionada: por un lado, unos peleaban en la zona VIP; más allá, reían y bailaban en la zona Platinum. Comenzó el show: La algarabía inició y nadie podía impedirlo. Al son de las canciones de Guaco, la gente a mi alrededor bailaba y se meneaba de manera muy particular. Transcurrieron las horas y entre canción y canción, todas las personas acompañaban con los coros una y otra vez, sin duda, tocaron muchos temas de sus éxitos. Los mesoneros atentos en la zona, con tragos y comida no fallaron, pero, pasadas las horas, ya nadie estaba pendiente de ellos, solo querían disfrutar. El show fue todo un éxito, la gente quedó contenta y satisfecha, y yo quedé más enamorada de mi banda. 

Llegó la hora de partir, ya era un poco más de las tres de la madrugada y la personas se disponían a irse a casa, a la salida me buscaron y me fui a la mía. Al llegar volví a mi hobbie de revisar mis redes sociales, hice unos comentarios y entre uno y otro terminé hablando con el integrante de mi banda favorita, quien en la mañana había visto la notificación de seguimiento en mi red social. Entablamos unas charlas largas y sorpresivas por mensajes privados, ahora forma parte de mis contactos telefónicos. Me quedé con esa frase “Una noche mágica”, realmente muy mágica, los sueños sí se cumplen y sin buscarlo, llegan si los anhelas. Salí con entusiasmo y volví con sueño cumplido.

Por Jorge Tejada

Masato Cultural continúa con su propuesta de generar actividades que promuevan la cultura, y puedan ser un punto de encuentro para la juventud. En esta ocasión se realizará el día sábado 16 de mayo un evento que nos permitirá conocer a jóvenes promesas de la movida cultural tachirense mediante un conversatorio que facilitará un acercamiento de los jóvenes de la zona sur del estado Táchira con artistas talentosos, quienes hablarán sobre sus inicios y metas.

Se realizará en el área principal de la Casa Steinvorth (ubicada a un lado de la plaza Bolívar) e iniciará a las 10:00 a. m. Algunos de los invitados para esta ocasión serán “El Sute Mendoza”, “Flow Warriors” y “Ubateros del Táchira”. El grupo de teatro “Ubateros del Táchira” realizará la primera presentación, para seguir con las conversaciones entre los artistas y los asistentes al evento, podrán preguntar a los artistas sobre temas de su interés personal, desde anécdotas referentes a su vida, las obras que han realizado, hasta cómo se desenvuelven en el mundo cultural y las dificultades que enfrentan. 

“Refúgiate en las artes y no en las armas” es un formato cultural que busca fomentar encuentros entre los adolescentes y los artistas que desarrollan manifestaciones de la cultura urbana regional.


lunes, 11 de mayo de 2015

Por: Angelica Añez

Al momento de empezar esta crónica mi intención era hacerla graciosa, el humor es mi “fuerte” a la hora de escribir sobre asuntos personales, pero mi relación con los libros es diferente. Mi mamá siempre ha sido una lectora voraz. Conocidos aficionados a la lectura, míos y de ella, sienten una punzada de admiración al ver su biblioteca. Personalmente siento algo de envidia. 
Tengo recuerdos nítidos de mi segundo y tercer grado de primaria, gracias a los libros; mamá me “enseñó” desde niña el placer de la lectura y de estar sola, a pesar de ser desde siempre una niña “amiguera”, que hablaba “hasta por los codos”, según mis profesoras, la verdad es que siempre he sido más bien callada, de andar sola, en mi universo. Los libros dieron un lugar a dónde ir de pequeña. 

Antes de mudarme a San Cristóbal, me había leído casi todos los libros, ilustrados por supuesto, que había en la biblioteca de mi salón en segundo grado en Mérida. Los libros no eran mi mayor interés, aún no llegaban esos libros importantes a mi vida, estaban allí para mi recreo, era como toda niña, como una mariposa que anda de un lado a otro. Estaba con mis amigos, pero siempre leía un libro en todos los recreos antes de ir al patio a jugar.

Cuando finalmente vine a San Cristóbal a vivir con mamá me costó adaptarme al nuevo ambiente: No hablaba con las niñas del salón, todas mayores que yo; tampoco hablaba con los niños vecinos, no salía frecuentemente, estaba encerrada en mí. Como toda madre, mamá quiso hacer todo más cómodo para mí y cada noche, a la luz de una lámpara, me leía una página de Harry Potter y la piedra filosofal. 

Uno de mis libros favoritos tiene la siguiente cita:

En una ocasión oí comentar a un cliente habitual en la librería de mi padre que pocas cosas marcan tanto a un lector como el primer libro que realmente se abre camino hasta su corazón. Aquellas primeras imágenes, el eco de esas palabras que creemos haber dejado atrás, nos acompañan toda la vida y esculpen un palacio en nuestra memoria al que, tarde o temprano—no importa cuántos libros leamos, cuántos mundos descubramos, cuánto aprendamos u olvidemos—, vamos a regresar.

Como lectora muchos libros han llegado a mi corazón, libros que han pasado por mis manos tienen un lugar especial en mí y en lo que soy ahora, pero ese libro de Harry Potter tiene un lugar privilegiado. Ese libro fue lo que marcó el comienzo de mi amor por la lectura. A veces le digo a mi mamá medio en broma que esas noches son el recuerdo más bonito que ha cosechado, ella se ríe y no me presta mucha atención. Esas noches son, para mí, el recuerdo más bello que tengo. No he vivido tanto, apenas dos décadas y un poco más, sin embargo, ese, reitero, es el recuerdo más bello que tengo. Lector, no me estás viendo, pero me brillan los ojos cuando escribo esto. Nada me ha marcado en la vida más que esas noches cuando mamá, cansada o no, me abrazaba en su cama y me leía antes de dormir, y yo como la niña chiquita que era, le pedía que me leyera más. Es difícil expresar cómo veo la lámpara más cálida en mis recuerdos, cómo mi mamá se ve más joven y yo, bueno, yo no he crecido mucho, pero esa felicidad que sentía cuando ella empezaba a leer es una sensación que nunca he vuelto a sentir. Nunca podré agradecer lo suficiente a mamá por esas noches. En ellas aprendí que un libro no es el papel, la tinta, el empastado grueso, es más... Mi mamá no sabe lo que le debo por esa “enseñanza”.

Mis mejores amigos son libros. Con el tiempo he dejado de ser tan constante con la lectura como lo fui en una época de mi vida, y sinceramente no lo lamento, siempre vuelvo a los libros con más aprecio. Le doy una bienvenida calurosa a viejos y nuevos amigos que siempre están conmigo en mi tiempo libre, cuando puedo leerlos con la atención que se merecen. Lector, con esto quiero enfatizar que para mí un libro significa más que palabras unidas en una historia. Uno de mis “mejores amigos” cita, parafraseando, que un libro es también un reflejo de quién lo lee. 

Cuando empezó la iniciativa del Trueque de Libros fui con mi ejemplar más viejo y amarillo del Anticristo de Nietzsche. Nunca he sido una existencialista, aunque Nietzsche fue la base para mi rebeldía adolescente del súper yo, quise trocar esa joya. Fue un desafío dejarlo en la mesa mientras buscaba una obra que pudiera competir con su valor, claro, para mí. Ese día lo intercambié con un amigo y volverá a mis manos en un préstamo, probablemente. No pude deshacerme definitivamente de mi libro. 

Hace ya unas semanas, ese trueque se repitió y no llevé ningún libro. Yo no estoy lista emocionalmente para la despedir a otro amigo. En esta oportunidad que volví al trueque había más libros, y me alivia que no todos los lectores sean como yo. Había tres mesas llenas de libros, pero ninguno llamó mi atención. Otro “mejor amigo” dice, parafraseando, que en cada libro habita el alma de quienes vivieron intensamente al leerlo y de quien lo escribió. Al ver esas mesas plagadas de libros solo puedo pensar en el dueño, sentado, en cualquier esquina, en cualquier lado, aprovechando cada pequeña oportunidad para volver a leer, para sentir ese libro. Cuando una persona deja un libro, abre una puerta para que otro viva lo mismo, o incluso más, despidiendo a un buen amigo, a horas de vivir con él vidas más reales e intensas. Ese es un acto de valor que yo, con pena de admitirlo, aún no soy capaz de hacer. 

Este último Trueque de Libros fue satisfactorio para mí, me llevé algunas sorpresas con algunos libros, con varios autores. No puedo entrar en tu cabeza, lector, y adivinar qué sientes al ver un grupo de libros que esperan por ti, quizás antes de que nacieras. En particular, la percepción que tuve al ver esos pequeños montones, me devolvió estos recuerdos. Es difícil, en mi caso, tomarme con humor este tipo de cosas que me definen tan profundamente. No puedo hacer una broma de tantas emociones, viajes, mundos, vidas, que me han regalado esos amigos. 

Este intercambio de Libros me parece una de las iniciativas más increíble, a falta de un mejor adjetivo, de entes gubernamentales, como la Plataforma del Libro y la Lectura, y grupos culturales, como Púrpura Poesía y la revista El Recital. Hay libros que nos esperan, esperan por un lector especial que con ellos encuentre lo que yo he encontrado con los libros. En esas tres mesas había un amigo listo para cambiarte la vida. ¿No es maravilloso?

Por Ed Preciado 
@Ed_Preciado


¿Moda?, ¿pasarela?, ¿modelos?, ¿desfile? ¡Oh Dios!, ¿en qué lío me metí?, fue mi reacción cuando decidí unirme al grupo que estaría encargado del evento de Masato Cultural relacionado con la moda. Lo que me beneficiaba era que entre los demás organizadores estaban: Rebeca Angulo, María Labrador y Paul Viloria, ellos, al menos, tenían conocimientos sobre moda y pasarela. Por lo que a mí respecta no sé ni combinarme las medias con la correa, claro, si es que eso se combina.

Nuestra primera reunión se realizó para definir el nombre del evento. Todos decíamos propuestas diferentes, ninguno apoyaba la propuesta del otro y, al final, no quedamos en nada. Al llegar a casa, Paul nos escribió un texto preguntando si nos parecía llamar la actividad “Táchira Emergente Fashion Show”, creo que nadie se opuso, y me parecía bien, pues este nombre envolvía todo lo que queríamos para el desfile. ¿Desfile? ¡Ja!

La materia prima de un evento de pasarela son los diseñadores y los modelos, ¿de dónde los sacaríamos? Comenzó nuestra búsqueda incesante entre amigos y conocidos, para ver quién sabía dónde encontrar expertos de la moda tachirense. Al respecto, yo estaba en números rojos, ningún contacto en mi agenda. Paul comentó que conocía a Jairo Carvajal, estudiante de la única escuela de Diseño de Moda en el estado, quien muy atentamente aceptó ayudarnos, presentándonos a sus dos compañeros de carrera, Andrea Valbuena y Yhony García. Estas tres personas nos relacionaron con dos diseñadores más expertos. Gracias a Paul, teníamos cinco creadores para que desfilaran en nuestro desafiante evento.

En los días siguientes, Paul inició una pesquisa muy detallada en las redes sociales, explorando entre cuentas y cuentas, indagando en cualquier rincón del inmenso ciberespacio, hasta encontrar algún indicio de cualquier modista en la ciudad. Fue como buscar una aguja en un pajar, tal como lo expresó él cuando le preguntamos dónde había encontrado más diseñadores. Con unas ojeras bien marcadas, entre bostezos y palabras a medio salir, comentó que había pasado la noche sin dormir revisando todo tipo de perfil relacionado con la materia, luego, cuando los halló, les envió un correo electrónico invitándolos a la pasarela de nuestro evento. Agregó que todos estaban muy contentos por haberlos tomado en cuenta en aquello que desde hace tiempo no se realizaba en San Cristóbal, por lo que le dieron una inmediata y afirmativa respuesta.

¡Listo! Ya prácticamente teníamos 11 diseñadores, era la cota mínima para el evento. Esa misma semana, Paul nos dijo que varios diseñadores lo contactaron para participar en esta actividad. María indicó que las creadoras de la marca “Ola La La” también la habían buscado para unirse al desfile. Ahora sobraban diseñadores.

Superado el asunto de los diseñadores, quedaba el tema de los modelos, algo en lo que menos podía aportar, afortunadamente mis compañeros habían conseguido un promedio de 80 modelos, entre Backstage Models y Carola Studios, pero aún faltaba buscar otra “aguja” muy importante, que era la imagen publicitaria que utilizaríamos para el evento, en esto me tocaba indagar entre mi “pajar creativo”, pues tenía que ser moderno y acorde con esta actividad.

¿Qué podría hacer como logo e icono de nuestro evento? Pregunté a mis compañeros si tenían alguna idea, y todos, como anteriormente, decían cosas contrarias a la de los demás, sin tomar la opinión del otro. Sólo quedámos de acuerdo en algo, tenía que ser muy original y fashion. Con mis conocimientos de diseñador gráfico, realicé varios bocetos y los envié al grupo, unos decían que sí les gustaba y otros lo rechazaban rotundamente, que le cambiara el color, que esa figura no encajaba, que la fuente no se entendía, que el fondo era muy triste… Así pasaron 3 días, entre las tareas de las demás materias y el logotipo que debía crear, mis neuronas no descansaban.

El martes 7 de abril, a las 10 de la noche, luego de una considerable cantidad de diseños inservibles, se me ocurrió una idea algo innovadora y elegante. Rebeca desde Argentina, canalizó mis ideas con una opinión muy inusual: “Preciado, tienes que hacer algo muy homosexual, pero serio, delicado y con carácter”. Al principio me reí por lo descabellado que sonaban sus palabras, sin embargo, como dice la profesora Marisol García, “se me despertaron las neuronas”, comencé a trabajar, enfocado y sin perder tiempo, dibujando triángulos y triángulos hasta las 2 de la madrugada, para luego irme a dormir un poco. El sueño no me duró mucho, pues a las 6:30 de la mañana me levanté directo a la computadora y seguí trabajando en la nueva imagen. Prácticamente a mediodía del miércoles 8, estaba terminado. Sin dudarlo, lo envié a los muchachos, quienes emocionados aprobaron sin vacilar. ¡Ya el evento tenía rostro! 

El lugar no fue tan difícil de ubicar, estábamos entre el C.C. Sambil y otro lugar en Barrio Obrero, optamos por el primero. Yo conocía a encargados del área de Mercadeo del centro comercial, hablamos con ellos, les gustó la propuesta y nos brindaron su apoyo e instalaciones. Nos reservaron el día 17 de abril y de 3 a 6 de tarde. Desde ese momento comenzamos a trabajar enfocándonos en ese sitio.

Los días siguientes fueron una locura total, pues entre la coordinación del evento, ensayos de pasarela, grabaciones de micros, entrevistas en emisoras radiales y programas de televisión, nos la pasábamos en un corre corre. Las primeras cosas que debíamos de realizar eran las grabaciones de los micros a cada diseñador, pues la parte de estructurar y producir de lo que sería la pasarela ya estaba formulado por Paul. Fueron 13 micros en total. Sólo pude colaborar en dos. María y Paul no faltaron a ninguna producción y Rebeca que en ese tiempo aún estaba de viaje no pudo ayudar. 

Había días que se tenía que grabar y salir corriendo a una emisora o salir de una entrevista televisiva y correr a la residencia de algún modista para tomar las imágenes. Mis compañeros hicieron milagros para asistir a todos los compromisos. Todos los programas radiales los cubrió María, yo solo fui a dos programas de TV, el primero en TRT, “Aquí Contigo”. Por cierto, antes de salir al aire, le pedí al entrevistador que no me hiciera preguntas tan específicas del tema de la moda, ya que no sabía mucho. Él hizo caso omiso y me consultó algo de lo que no tenía idea. Entre mis nervios, el enfoque de la cámara y la iluminación respondí tantas incoherencias que terminé sonrojado y anhelando que eso terminara al segundo siguiente.


Ese mismo día al salir de TRT, nos dirigimos hacia el Canal 21 para hacer promoción en otro programa, en este caso todo pasó muy rápido, sólo recuerdo que posterior a mi intervención la animadora realizó otra pregunta y con mis nervios de punta casi golpeo con el micrófono a Rebeca para que ella la respondiera. Al salir de allí nos separamos: Rebeca hablaría del evento en una emisora del Circuito Líder; María, a un programa llamado “De vuelta a casa” de Rumba 105.3 FM y yo a Consolación Stereo 99.1 FM, en Táriba.

Después de la fase de promoción, quedaba pendiente el ensayo in situ. El día del ensayo, previo al desfile, todo fluyó fácilmente, aunque no asistieron muchos de los modelos y no aparecieron algunos diseñadores, lo cual nos causó cierta intriga. Ya en esta etapa de la coordinación del evento se presentaron varios roces y discusiones entre los integrantes del grupo. Yo traté de ser mediador, pero fue imposible, tampoco tenía experiencia para ese rol, ondeé la bandera de la paz, pero los problemas superaban mi intención de que todo volviera a la calma, y me obligó a mantenerme al margen de esas incidencias.

En cuanto a los refrigerios para el día del evento, fue gestionado prácticamente por todos. Ignorábamos cuánto sería el gasto total, ya que sólo nos importaba que el desfile tuviera todo lo necesario. Algunos buscaron presupuestos y compraron lo que pudieron. El resto de dinero para cancelar los demás suministros y un toldo que nos serviría como camerino el día del evento los dividimos en partes iguales entre todo el equipo. 

Llegó el gran día

Fui el primero en llegar al Sambil, eran las 7:30 de la mañana, pues habíamos acordado anteriormente que a las 8 era la hora ideal para montar todo. Cuando les escribí a todos, sólo me respondió Rebeca, esperé media hora, en la entrada del centro comercial, hasta que llegó mi compañera y me ayudó a cargar las cajas de agua y galletas, más el bolso y ropa que cada uno llevaba para lucir en el momento del evento, claro, era un desfile de moda, no podía andar con mis Converse durante la actividad.

Al entrar al estacionamiento junto a nosotros llegó el toldo, unos jóvenes comenzaron a armarlo, fuimos a hablar con la encargada de Mercadeo para repasar la lista de lo que nos facilitaría el Sambil: la tarima, el sonido, las sillas, el backing y la pantalla; en ese momento recibí la llamada de María para decirme que se sentía mal y que terminaría de acomodar la parte de los refrigerios que le correspondía a ella, luego iría a Barrio Obrero a imprimir los carné que nos identificarían como miembros de Masato Cultural.

No le presté mucha atención, pues se nos estaban complicando unos detalles de la logística. En ese momento Paul escribió que había pasado la noche terminando los micros que presentaríamos antes de cada diseñador, pero la asistente de Mercadeo, una chica llamada Jaime, nos comunicaba que no podían facilitar la pantalla y el backing, es decir que Paul había perdido todo el trabajo y la desvelada.

Minutos después, unos empleados del centro comercial armaron rápidamente la tarima, el toldo ya estaba listo y solo faltaba que llegaran los demás integrantes del equipo. El siguiente fue Paul y un amigo, quienes vistieron la pasarela, con unas telas color beige y unas estrellas rojas. En ese instante comenzaron a llegar las modelos, un par de niñas que no parecían tener más de 16 años; sin perder tiempo, Rebeca y Paul comenzaron a maquillarlas, poco a poco fueron acercándose las demás modelos, y mis compañeros las iban agarrando una por una para retocarlas. María estaba en Barrio Obrero para imprimir los carnés, pero no daba chance de hacerlo, y le pedimos que se viniera al Sambil.

A partir de ese momento, todo comenzó a transcurrir muy rápido, no sé en qué instante fue invadido el camerino improvisado, cuando entré estaba repleto de mujeres maquilladas, diseñadoras retocando sus prendas, y unos cuantos muchachos ayudando a peinar y pintar a las modelos; gracias a María que llegó con una extensión eléctrica se pudo agilizar las conexiones a las planchas y secadores de cabello y rindió más el tiempo. El calor era insoportable allí, les servimos el agua a los participantes en una mesa para que se hidrataran y mantuvieran el ánimo. De tanto alboroto no me había percatado de que otro miembro de Masato, Junior Sánchez, estaba colaborando en el arreglo de las modelos.

Sólo nos faltaban unos invitados, el fotógrafo que había contactado María y el DJ que cuadró Rebeca. No más de las 2:30 de la tarde ya casi estaban las sillas dispuestas por el Sambil ocupadas, también había llegado el fotógrafo, pero el DJ no le contestaba a Rebeca. No podíamos esperar más tiempo por él, teníamos que resolver: un grupo de bailarines llamado Flow Dance, que participaría en la apertura del evento, traía una computadora portátil, le pedimos el favor de usarla a lo que accedió. Ahora, me tocaba suplir al mezclador de música ausente. Con mi falta de experiencia y la exigencia del Sambil de no subir el volumen, pueden imaginar el ritmo del evento.

Todo estaba listo, los modelos estaban arreglados, el animador probaba el micrófono, los fotógrafos ubicados, la audiencia esperaba ansiosa y varios curiosos se acercaban al recinto, quedamos cortos en el cálculo de las sillas, pues muchos no tenían donde sentarse. Eso me alegró, el bombardeo de publicidad había logrado su objetivo. Sólo había que darle play a la música y comenzaría el show, el animador dio la bienvenida a los asistentes del Táchira Emergente Fashion Show y salieron los bailarines. Al finalizar esta presentación comenzaron las modelos a desfilar, todo pasó muy rápido, modelos subían y bajaban de la pasarela, el público aplaudía por los diseños que se exhibían, yo trataba de colocar la pista musical acorde a la tendencia del diseñador y al tiempo del desfile. 

Al final el presentador llamó a la tarima a los organizadores para que diéramos las gracias a los asistentes, yo con mi camisa de blue jean, mis pantalones grises desmanchados y mis Converse escalé junto a María, Rebeca y Paul la pasarela donde hicimos reverencia al público y dimos por concluida esta maravillosa experiencia. Concluí que mis apreciadas Converse nunca pasarían de moda, al menos en un evento donde la última tendencia era resolver lo más cómodo posible.

Por: Lotty Guerra

El sábado 09 de mayo tuvo lugar en el Museo de Artes Visuales y del Espacio (MAVET) la inauguración del 2.° Salón de Fotografía de la Región Andina Mariano Díaz, realizado por el Espacio GAF -Galería de Arte Fotográfico-, asociación que se encarga de abrir espacios para la fotografía venezolana, y productores del Festival Nacional MÉRIDAFOTO. En esta ocasión tuvo abertura en la ciudad de San Cristóbal, donde se acogió de manera grata la iniciativa cultural. 

La inauguración inició a las 3:30 p. m., Belkis Candiales, directora del MAVET, Mariana Sellanes, representante de la GAF, y Kevin Corredor, director de la Fundación Parapadoelocuente, agradecieron la asistencia de los presentes, el apoyo recibido, el patrocinio de la CANTV, el trabajo de los jurados y la participación de todos los fotógrafos que enviaron sus trabajos. “En la GAF creamos este salón para darle fuerza y dinamismo a esta actividad en toda la región andina y motorizar un despertar de acción en torno a la fotografía”, acotó Mariana Sallanes. 

Este Salón lleva el nombre de Mariano Díaz en conmemoración a su trabajo y contribución al material histórico del país: Fue un fotógrafo autodidacta. Nació en Chile, en donde trabajó en teatro y hacia 1949 se da a conocer como poeta y escritor. Desde los 18 años se dedicó al periodismo. Llegó a Caracas en 1960, en donde se preocupó por realizar el registro fotográfico y testimonial de los artistas populares. A partir de 1975 inició su producción fotográfica, siempre en función de sus investigaciones sobre artistas. Ganó el Premio Nacional de Arte Popular Aquiles Nazoa en 1993, recorrió durante 30 años el país con su cámara Pentax. En síntesis: Hizo de una aventura fotográfica su vida. 

El fotógrafo invitado en esta oportunidad fue Efraín Vivas, venezolano nacido en Maracay; en la sala cuatro del MAVET está instalada la muestra fotográfica “Más allá de las sombras”. Vivas plasmó sus imágenes a base de sales de plata, enseñándonos los paisajes naturales de forma poética, usa el cielo como luz, los senderos, las ramas de los árboles y las piedras, para expresar el arte arquitectónico que esbozan los paisajes venezolanos fotografiados.

Kevin Corredor y Mariana Sellanes inaugurando el salón, a la izquierda Belkis Candiales
Fuente: Lotty Guerra
El jurado estaba conformado por Marcel del Castillo, director de la GAF, el profesor Wilson Prada, director de la Escuela Prada de fotografía en Maracay, y Fernando Carrizales, profesor jubilado de la Universidad Simón Bolívar.

Este año se amplió la convocatoria del concurso, abarcando toda la región andina del país, “por ser estados naturalmente hermanos que comparten costumbres, geografía, necesidades y un espíritu especial por el arte”, expresó Mariana Sellanes. Se recibieron 192 fotografías, de las cuales se seleccionaron 28 obras de 18 fotógrafos para la inauguración. La convocatoria abrió a principios de febrero del 2015 hasta mediados de abril del mismo año. 

El ganador del primer Premio Mariano Díaz fue el merideño Rodrigo Picón, con su obra “La Danza de los Locos de San Isidro”, el segundo Premio Luis Brito se lo llevó Gerardo Mora de San Cristóbal con su obra “Emprendedores de las Atenas del Táchira” y, finalmente, el tercer Premio Juan Félix Sánchez se lo ganó el trujillano Alejandro José Pernía con su obra “Como una Esperanza”. Los ganadores obtuvieron cada uno un premio de 10000 bs. La mención especial se la otorgaron al merideño Amilciar Gualdrón por sus obras “Catedral de Mérida” y “Boulevard de los Pintores”, con un premio de 5000 bs. Todos los seleccionados ganaron la inscripción para el MÉRIDAFOTO 2015.

Galería 2do Salón de Fotografía Mariano Díaz
Fuente: Lotty Guerra
Los invitados pudieron apreciar en las salas cuatro, cinco y seis las fotografías de los artistas enmarcadas en la pared, los sentimientos y las vivencias encontradas en un reflejo de vidrio que cubría un mar de talento regional. Antes de terminar el recorrido, la representante de la GAF hizo la invitación a que los invitados asistieran al MÉRIDAFOTO que se llevará a cabo en octubre de este año. 

Culminó con un brindis con los asistentes en el café del museo.

Masato Cultural

Espacio de promoción cultural dirigido por estudiantes de la carrera de Comunicación Social, cuyo fin es informar periodísticamente sobre los eventos culturales realizados en el estado Táchira, Venezuela

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