viernes, 8 de mayo de 2015

Por: Paola Chacón

Después de asistir durante cuatro años al festival, Conéctate y Convive, en donde logré disfrutar de las diversas presentaciones, en especial las de danza, y no por casualidad, al fin había llegado mi año. Me sentía sumamente nerviosa y emocionada por formar parte del grupo de artistas que, orgullosamente, exhiben sus propuestas coreográficas en este reconocido evento binacional. Estaba convencida de que el trabajo de tantos meses, ensayando una y otra vez las perfectas melodías de la reconocida Ópera Carmen, sería apreciado por el amplio y disparejo grupo de personas, que acuden a esta actividad. Recuerdo, incluso, haber visto ese viernes por la noche a un hombre cuyos rasgos y vestimenta indicaban que era un indio, ¡sí!, un indio; no pude evitar pensar en los personajes de una película de infancia, Pocahontas.

Par de horas antes de comenzar el cronograma de esa noche me encontraba un tanto cansada. Me refiero a ese cansancio cargado de satisfacción que recorre todos tus músculos después de dos productivas horas de ensayo. Se hacía tarde y mis compañeras y yo debíamos lucir perfectas para salir a escena. Frente al espejo de la academia, mientras aplicaba la base del maquillaje, comenzaron a surgir expectativas de tan esperada noche. Sabía que mucha gente que aprecio aguardaba con ansias ese día, inclusive algunas personas no habían tenido la oportunidad de verme bailar hasta el momento. Sin mencionar a las personas e instituciones que irían al encuentro con un trabajo de calidad por parte de la escuela a la que pertenezco, Entredanza, y al resto del público que, en mi opinión, al menos en ese festival finge interés por el arte. 

Larga espera

Cayó la noche y llegamos a la hora citada, hacía frío y, de vez en cuando, caían gotas del cielo. El personal de protocolo nos dio la bienvenida de una forma muy educada, fue inevitable sentirme a gusto. Seguidamente, nos condujeron hacia el área de camerinos donde nos entregaron nuestras escarapelas de “artistas”. Imposible no pensar que ese es tu “minuto de fama” (bromeo). 

Minutos después, nos informaron que debíamos esperar más de lo pautado debido a un retraso en el cronograma (vaya conducta venezolana de no faltar con la impuntualidad). Por esta razón, junto a mis tres compañeras de baile, salí a darle un vistazo al lugar. Estaba rodeado, como de costumbre, de artistas plásticos en acción y skaters a toda velocidad; sin dejar de mencionar la estereotipada vestimenta que caracteriza al evento: medias panty rotas, gorros excéntricos, lentes de pasta gruesa, cabellos de colores y muchas pero muchas Converse. Definitivamente siento que allí veo más tatuajes que de costumbre. 

Entrando en personaje

Transcurridas dos horas, nos dieron la voz para iniciar nuestro número. Corrimos ansiosas al camerino a ponernos nuestros vestidos rojos que, por cierto, son un tanto reveladores: la espalda completamente descubierta y al frente un pronunciado escote en forma de “v”. Esto se debe a que la esencia del personaje es la seducción. De hecho, por tratarse de la representación de una mujer hermosa, Carmen refleja seguridad en sí misma y mucha picardía, por tanto, como buenas intérpretes, debíamos transformar nuestra personalidad en cuanto subiéramos al escenario. Recuerdo que la presión aumentaba durante la presentación de la banda que se encontraba tocando, Radiomotora. El público estaba eufórico, casi enloquecía.

Finalmente, el vocalista de la banda anunció el final de su repertorio. Mis compañeras y yo cruzamos miradas, que, aunque nerviosas, transmitían seguridad. Dominábamos muy bien la coreografía, sin embargo, no podíamos ignorar los distintivos nervios que te invaden antes de comenzar la puesta en escena; de no ser así, espero que algún día un actor, músico, animador o bailarín me demuestren lo contrario. Si mal no recuerdo, mis manos y pies helaban, situación que no variaba aunque no parara de hacer plies y relevés para mantenerme caliente.

La seducción

“A continuación, un fragmento de la reconocida Ópera Carmen, interpretado por la agrupación, Entredanza. ¡Recibámoslas con un fuerte aplauso!”, anunció el presentador del festival. Como de costumbre, mi corazón palpitó fuertemente. Nos posicionamos en el escenario con la vista al infinito, esos segundos de miradas invidentes dirigidas a las personas que se encuentran en el público y tú solo esperas escuchar la primera nota musical. 

La melodía de Georges Bizet, en un principio suave y pausada, logró captar la atención del público. Los movimientos que ejecutábamos eran casi imperceptibles. Nada más emocionante que ver el interés de las personas desde allí arriba, de reojo podía notarse cómo se iba llenando cada vez más el lugar. Unos corrían hacia la tarima, otros se acercaban sigilosamente. 

Fue, entonces, cuando la música dio un giro inesperado, sin duda, el mejor momento. En compañía de los aplausos y gritos del público cada una de nosotras tuvo su momento para destacar. Debo decir que al instante de realizar el solo, escuché mi nombre repetidas veces entre la multitud (creo haber reconocido la voz de una de mis mejores amigas), evidentemente, esto provocó que ejecutara los movimientos con más fuerza y precisión. También, mis compañeras lograban proyectar una energía increíble, energía que supimos aprovechar para cerrar la presentación con broche de oro. Como fondo musical, nos acompañaba la canción Habanera, en la cual, la picardía y el coqueteo estaban más presentes que de costumbre.

La música indicó la última nota y nosotras el último movimiento. El escenario se congeló para ser todo oído y la ovación del público reveló de nuestros rostros grandes sonrisas. Nada como la satisfacción de un trabajo bien hecho, además del lindo momento que dejamos impreso en el recuerdo de los espectadores. Por momentos como ese, y muchas otras experiencias, no me cansaré de ser… bailarina.

Por: Junior Sanchez




lunes, 4 de mayo de 2015

Orgullo tachirense dedicado a enseñar el arte musical en la Orquesta “Alma Llanera”, compuesta por niños y adolescentes, y para quienes tengan el deseo de aprender a tocar un instrumento.

Por: Brendy Briceño

Fotografía: Zoravict Arenas
Al conversar con un director de orquesta, en este caso Jhon Galaviz, nato del estado Táchira, mejor conocido por sus familiares y amigos como “Mencho”, de 40 años de edad y cabello ya con algunas canas, se percibe una gran fascinación y amor por su labor de enseñar la música a jóvenes dentro de la Orquesta “Alma Llanera” del módulo Pirineos I.

Cuando un músico logra dirigir una orquesta es su mayor meta, pues puede dar al público parte de su esencia: una partitura puede ser un recuerdo, memorias compartidas o experiencias del artista. Es increíble el poder y la conexión que trasmite la música, mediante interpretaciones musicales el espíritu humano alcanza su máxima expresión.

El director hace que sus músicos sean capaces de trasmitir al espectador una energía excepcional, al oír las notas emitidas por los diferentes instrumentos en una orquesta, y más si es una regional, puesto que interpreta temas originarios del terruño, lo que genera en las personas ese sentimiento mágico de amor por lo suyo, por su región.

CAMINO A LO MUSICAL

“El amor por la música, y en especial a la guitarra clásica, me trajo hasta aquí”.

Jhon Galaviz narró su recorrido por la música. Inició, alrededor de los 18 años, cuando luego de haber visto un movimiento de bandas de rock regionales y otras que hacían covers de música rock se interesa por esa disciplina; en ese momento se convierte en admirador de Metálica y Pantera, por lo cual al oír ese tipo de música busca experimentar en ese arte.

Para ese entonces se había rodeado de varios amigos, quienes ya tenían cierta formación musical. “Inicié con esto del rock, pero al transcurrir de los años comencé a pertenecer a varias agrupaciones, como el coro de la ULA (Universidad de Los Andes), el del Iufront (Instituto Universitario de la Frontera) y también al del Colegio de Médicos”, afirmó Galaviz.

Fue evolucionando su concepción de la música al igual que la interpretación de los instrumentos, expresó que se fue interesando más por lo académico y el estudio formal de la música: “Mi pasión por la guitarra clásica es impresionante”, dijo con alegría el director de la orquesta. Por ello, decide estudiarla a fondo, comprender la razón por la que estaba pasando al olvido ese maravilloso instrumento, lo cual es lamentable, en opinión del profesor.

Debido a esto comenzaron a realizarse, todos los jueves de cada mes, recitales en diferentes espacios culturales del estado Táchira, en los cuales se muestra la importancia de la guitarra clásica dentro de una orquesta, y así se promueve la idea de traerla de nuevo a la palestra y renacerla. 

ORQUESTA “ALMA LLANERA”

Del módulo Pirineos I y con alrededor de 40 niños y adolescentes “Alma llanera” (nombre de la orquesta) es un proyecto del Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas que se encuentra en toda las regiones de Venezuela, está enfocado a los instrumentos y la música típica de cada estado, cuyo objetivo principal es el rescate de lo autóctono. Se encuentra dentro de la Fundación “Chimborazo”.

Jhon Galaviz es el director de esta orquesta, cuenta cómo ingresó al sistema del “Alma Llanera”: fue gracias a varios amigos, quienes le informaron sobre dicho programa, por lo cual comenzó hace 8 años en Puente Real, primeramente encargado de la parte coral y la guitarra clásica popular, luego como instructor también de guitarra clásica en Pirineos I, donde actualmente es el director.

La Orquesta “Alma Llanera” busca difundir la música tachirense. Con frecuencia escuchamos vals y bambucos, como los ritmos más conocidos dentro de la región de los Andes. Sin embargo, muchas personas desconocen el talento nacido en el estado Táchira, como lo fueron y seguirán siendo “los grandes compositores”, entre ellos Chucho Corrales y el maestro Luis Felipe Ramón y Rivera, compositor de “Brisas del Torbes”, quienes regalaron esas canciones que hoy forman parte de la vida del tachirense. “Alma Llanera” nace como un programa para preservar lo autóctono del estado Táchira, así como de todos los estados de Venezuela.

Dentro de este programa cualquiera puede ingresar sin importar la edad o estado económico, lo único que se necesita es el deseo de aprender. La iniciación musical comienza a partir de los 4 años de edad, dentro de la orquesta funciona la parte sinfónica, coral infantil, juvenil y de adultos mayores. 

“La parte del trabajo individual y grupal de los niños en la orquesta me parece extraordinario, siempre hay lecciones que aprender, al final termino aprendiendo más yo de ellos”, añadió Jhon Galaviz. 

SISTEMA NACIONAL DE ORQUESTA

La actividad sociocultural que se realiza dentro del sistema logra en los jóvenes una cierta disciplina que va más allá de un desarrollo cultural, su objetivo principal es otorgar una mejor calidad de vida para niños, adolescentes y adultos.

Hace 40 años, en 1975, nace como una obra social y cultural en toda Venezuela, gracias al maestro y músico venezolano José Antonio Abreu. Motivo por el cual Masato Cultural decidió ofrecer un homenaje mediante un concierto propiciado por la Orquesta “Alma Llanera” el pasado 24 de abril dentro de la capilla Padre Lizardo. 

El sistema ha sido el programa social de mayor impacto en la historia de Venezuela para niños, jóvenes e incluso adultos, sin importar la edad se puede ingresar al sistema: “Hoy en día el Sistema Nacional de Orquestas ha alcanzado renombre en el mundo entero”, afirmó Galaviz.

Gracias a este proyecto, en palabras del director de la orquesta, “A todos los que pertenecen al sistema se les ofrece y aporta un crecimiento espiritual como cultural, aquí nadie deja de ser niño y de reír, pero siempre habrá una disciplina y un orden”.

LA MÚSICA ES UN LENGUAJE INCREÍBLE

Para Galaviz es muy gratificante y de gran orgullo estar frente a una agrupación así como lo es la Orquesta “Alma Llanera”, y ver los resultados obtenidos que son maravillosos y satisfactorios. El Sistema Nacional de Orquestas busca masificar el programa, mas no es una fábrica de músicos, pretende ofrecer la técnica y ejecución de instrumentos mediante aprendizajes y fundamentos básicos.  

Como profesor e instructor, Jhon Galaviz expone su manera de enseñar el arte musical: “Se empieza primero conociendo cuáles son los nombres de los instrumentos y sus fundamentos, ya al final de ese pequeño introductorio, ellos eligen el instrumento que quieren aprender a tocar, nunca se les induce hacia cuál elegir”.

“TOCAR, CANTAR Y LUCHAR”

Gracias al Sistema Nacional de Orquestas de Venezuela, no importa que no se tenga los medios económicos para comprar un instrumento, ya que el Sistema ofrece el préstamo de uno de ellos a través de una colaboración de 100 bolívares, con el objetivo de poder ofrecer a los venezolanos la facilidad de que cualquiera pueda tocar un instrumento, así no tenga los recursos para hacerlo, de ahí su lema: “Tocar, cantar y luchar”. Abarca todas las disciplinas, incluyendo el coro de niños especiales, invidentes, manos blancas (sordos mudos), y con Síndrome de Down.

“Y para cantarle a mi San Cristóbal tan sólo estos versos con toda el alma yo le diré: tierra de mis sueños y mis ilusiones, en tu camposanto cuando yo muera me quedaré”.

Chucho Corrales

Por: Desiret Cuevas

El equipo de Masato Cultural organizó un concierto en la capilla Padre Lizardo el pasado viernes 24 de abril en la tarde, con motivo de la celebración de los 40 años de la fundación del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela. La orquesta invitada fue Alma Llanera Módulo Pirineos I. 

El evento inició con la celebración de la eucaristía, seguidamente, el concierto bajo la batuta del profesor Jhon Galaviz, director de la orquesta. Se interpretaron piezas de música típica, tales como: “Recuerdos del Táchira”, “Amanecer”, “La cosecha del café”, “Cantares de primavera”, “San Cristóbal”, del reconocido compositor Chucho Corrales, “Brisas del Torbes”, “Señor Jou” y como sorpresa especial un pasodoble tachirense. 

Mandolinas, cuatros, contrabajos, guitarras, arpas y percusión fueron los instrumentos con los que los 21 jóvenes de la orquesta llenaron el lugar de melodías y produjeron asombro y alegría en los rostros de los ancianos que escucharon atentamente cada pieza, y, al finalizar cada una, aplaudían con gran entusiasmo. Fue una tarde diferente para los adultos mayores, quienes agradecieron el regalo ofrecido; también para los miembros de la orquesta, ya que tuvieron la oportunidad de compartir los efectos del arte con los asistentes a la capilla. 

Este evento combinó arte con caridad: en las promociones los organizadores solicitaron que los asistentes llevaran artículos como ropa, comida y detergentes para la residencia de ancianos. Al finalizar se lograron recoger tres cajas de alimentos y dos de ropa.

El padre Vicente celebró la Eucarística.
La agrupación alma llanera deleitó al público asistente.

Masato Cultural

Espacio de promoción cultural dirigido por estudiantes de la carrera de Comunicación Social, cuyo fin es informar periodísticamente sobre los eventos culturales realizados en el estado Táchira, Venezuela

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