domingo, 21 de junio de 2015



La primera vez que lo vi me pareció una persona muy particular. Por muy difícil que pueda ser, me sentí muy feliz de verlo sonreír cuando nos miramos a los ojos aquel lunes santo. Ese hombre alto y muy delgado, con un característico bigote que no le quedaba muy bien, pero que él mostraba con orgullo, gustaba de fumar a toda hora, por lo que llegué a escuchar calmaba sus ansiedades ante la situación de pobreza por la que pasábamos, siempre vestía una camisa de botones con un tono marrón diferente cada día; ese hermoso espécimen me alegraba la existencia.

El tiempo fue benevolente con nosotros. Tuvimos la oportunidad de compartir cada minuto y yo disfrutaba de toda la atención que me daba cuando nos acostábamos a ver mis programas de televisión. Nunca estuve triste en su presencia, aun hoy en día la desdicha no está en mí cuando estamos juntos, y siempre traté de hacerlo sentir orgulloso con cada paso que daba. Poco a poco me di cuenta de que me estaba enamorando profundamente.

Mis metas eran hacerlo feliz, verlo sonreír, hacerlo sentir orgulloso de su pequeña que poco a poco crecía. Y los días fueron pasando, sin embargo, mis metas nunca cambiaron; él continúo ahí, a mi lado, y sabía que no se apartaría.

En una ocasión, ya hecha toda una mujer, llegue a casa afligida por muchas situaciones que habían ocurrido ese día, el mal de amor me afectaba la serenidad; me senté en el sofá, miré las paredes, llevé mis manos a los ojos y dejé caer un poco mis lágrimas. Después de haberme calmado, o al menos aparentarlo, subí las escaleras, entré en su cuarto y lo saludé. Me vio detalladamente como si estuviese escaneándome y me preguntó si tenía algo, lo negué y me fui a mi habitación. 

Pocos minutos después entró por la puerta y me volvió a mirar, esta vez no con su mirada escáner sino con una expresión llena de preocupación e intriga. Miré sus ojos. Quedé envuelta en ellos. Eran, y siguen siendo, tan hermosos; cristalinos, de un color marrón claro, que por desgracia yo no heredé. Sentí entonces cómo las palabras se aglomeraban en mi garganta y empezaron a salir expulsadas por mi boca. Trate de no llorar; nunca me gustó que me viera así, pues sabía el dolor que le causaba; siempre bajaba la cabeza y se acariciaba los pocos vellos en sus cejas que quedaban. 

Luego de que terminé de hablar, se sentó a mi lado. Fijó nuevamente sus ojos en mí y resumió todo lo que pensaba en una oración. ¡Qué oración! Estaba colmada de la sabiduría obtenida durante sus años de vivencias amorosas; yo lo escuché atentamente mientras reflexionaba. Y de repente todas las sensaciones frustrantes se habían esfumado. Lo abracé muy fuerte sin decir más y volví a comprender que era el amor de mi vida. 

Se levantó debido a que no era hombre de mucho afecto, y antes de salir me dijo algo que me hizo soltar una carcajada. Esperó que terminara de reírme y se fue. Con una cara de satisfacción, supongo, porque había transformado mi tristeza en alegría en tan solo 10 minutos. ¡Qué hombre tan maravilloso!

Actualmente ya no tiene ese horrendo bigote, palabras de mi madre, y ya no es tan delgado, ahora porta una barriguita adorable que acaricia con frecuencia y hace la comida más deliciosa que he probado –puede que exagere un poco–, sigue siendo el mejor padre del mundo para mí y para mi pequeña hermana de cuatro años.

La confianza siempre ha sido una columna fuerte en esta relación inseparable de padre e hija. Los consejos han sido los mejores y más que mi padre es mi mejor amigo. Nadie nunca podrá hacerme sentir el amor tan grande que desde el primer día he sentido por él. Es la mejor elección de padre que pudo elegir mi madre y siempre le agradeceré por ello.

Mi padre hoy está de júbilo. Soy la niña (con más de 20 años de edad) de papá y a pesar de que pasen las décadas jamás dejaré de ser la niña consentida de mi papi. Nuestro amor es épico mi querido, Robin Hood.

Felicidades, te amo.

Firma: La hija más dichosa del mundo.

sábado, 20 de junio de 2015

Por: Jesús Baclini

Alfredo Lugo en análisis de cortometraje| Foto: Jesús Baclini
San Cristóbal tuvo el agrado de recibir al director de cine Alfredo Lugo, conocido por cintas como “Los muertos sí salen” (1976) y “La hora del tigre” (1985), quien compartió su “Taller intensivo de dirección de cine” el día de ayer 19 de junio. En este taller dio a conocer parte de sus vivencias como director, tanto en Venezuela como en el exterior, sobre todo en Alemania, donde vivió gran parte de su vida y también se formó en esta área, graduado de la Escuela Superior de Arte Cinematográfico de Babelsberg (actual Universidad del Cine).

A lo largo del taller dio a conocer gran parte de lo que significa el lenguaje cinematográfico, y a través de muchas referencias tanto de cine como de literatura, expresó descontento al hacer análisis de las películas posteriores a los años 20 y 30, décadas en las que, según él, este lenguaje se formó, para luego transformarse en un “proyecto para comercializar el cine, desligarlo del arte, de la expresión del alma del hombre y de la expresión artística”.

Como parte dinámica en el desarrollo del taller, Alfredo Lugo analizó escena por escena el primer cortometraje del reconocido director polaco Roman Polansky, “Dos hombres y un armario” (1958), donde dio a conocer, desmontando parte por parte cada plano, las intenciones del director para representar compositivamente el mensaje que quería expresar, “cosa que se ha perdido”, menciona. A su vez explicó, mientras se reproducía “The shining” (1980), de Stanley Kubrick, la evolución y desarrollo del personaje principal a lo largo de la película.

Referente al cine venezolano comenta que “nuestro cine necesita de una nueva revisión de lo que estamos haciendo, creo que se le ha dado apertura a muchos jóvenes, y eso es muy positivo, y en esa medida justamente pienso que de ahí debe salir por lo menos algún cineasta, que haga la reflexión de la diferencia entre el cine meramente comercial y el cine de expresión, porque me da la impresión de que en ese sentido hemos retrocedido un poco, creo que es necesario retomar algunos puntos de la estética cinematográfica para poder avanzar, y no podemos seguir solo en este cine narrativo, es decir, un cine lineal, donde el valor expresivo se ha perdido”.


El año pasado, el director tuvo el agrado de ser visitado por estudiantes de la misma universidad alemana en la que se formó, quienes están llevando a cabo un documental sobre exalumnos extranjeros que se iniciaron en el cine en esta institución; estos estudiantes le hicieron llegar una copia de su primer trabajo cinematográfico, llamado “La muerte del tío”, que fue proyectado durante el taller y que aún es usado como material académico. También acaba de terminar un largometraje, de la que se espera su estreno para octubre de este año, llamada “Un tiro en la espalda al director de orquesta”.

Alfredo Lugo | Foto: Daniel Moreno

Por: Jesús Baclini

Promoción del Festival| Foto: Web
Del 07 al 11 de junio, la ciudad de Mérida fue testigo de cómo el cine venezolano ha cambiado desde sus inicios, y en palabras de invitados, participantes y organizadores, recopilamos impresiones del Festival de Cine Venezolano.

En la XI edición del Festival del Cine Venezolano de Mérida, se logra entrever el avance del cine nacional, que en enero de este 2015 celebró 118 años desde su inicio. Con la premisa “El cine evoluciona en Mérida” y un Charles Darwin con lentes de visión 3D como representante de esta edición, determinó la intención de los organizadores: anunciar y fortalecer el avance que la industria cinematográfica ha alcanzado en los últimos años, así como el aumento de la cantidad de películas estrenadas por año (que para este 2015 se espera sea de 43), más el incremento de la venta de boletería en las salas de cine (que el año pasado, en películas venezolanas, alcanzó los 2.097.208 espectadores), y de la cantidad de óperas primas, que para este festival eran 9 de las 11 que estaban en competencia, cifras que indican que la industria crece, y crece tanto en realizadores como en espectadores.

“El festival no solo ha influido, sino pateado el cine venezolano, moviendo más estudiantes, más escuelas, más divulgación, más técnicos. Hoy día tengo tantas historias de estudiantes que han venido al festival  y han hecho coproducciones, entre diferentes estados, y son cosas que no hubiesen pasado si el festival no existiese”, comenta Karina Gómez Franco, directora del festival, quien acotó además que “es muy importante apoyar los festivales regionales, porque apoya a la gente de las regiones a hacer cine, a abocarse, a estudiar, porque nosotros somos un festival regional, pero somos el más importante del país por la trascendencia nacional e internacional que tenemos, y es por la visión que tenemos de cómo hacer las cosas.”

Al conocer la voz de quien ha conformado desde siempre el comité organizador del festival, nos damos cuenta de la importancia del público y de los realizadores por igual, juntos en la lucha que conlleva el avance y desarrollo del cine en el país. Continuando con sus palabras, menciona que cuando iniciaron con el festival, no existían festivales en el país, no había ninguna referencia, solo referencia de festivales anteriores, pero de hacía 15 años, así que arrancamos de cero, el primer festival se hizo pensando en que se haría cada dos años, pero al finalizar la primera edición se dieron cuenta que tenían otros ocho largometrajes en competencia para el año siguiente, y hacer un festival con 16 películas en competencia por tres días era algo inviable, entonces decidieron hacerlo al siguiente año, y la consecuencia es que el festival se presenta ahora cada año, con una base que no baja de 10 películas en competencia por edición.

“El festival no solo ha influido,
sino pateado el cine venezolano”

Por otra parte, José Salaverría, realizador audiovisual, invitado al festival a dar a conocer medios de autogestión cinematográficos, nos da sus impresiones respecto a la trayectoria del festival, alegando que “ha traído una competencia, las personas intentan superarse cada vez más, el nivel de cine ha mejorado muchísimo, y es un espacio donde todo el mundo se conoce, por ejemplo, yo conocí a mi guionista en un festival, entonces, que nos juntemos los realizadores a hacer cine es lo mejor, el festival es una plaza donde todos nos podemos conocer, interactuar, y crecer como gremios, no estar tan sectorizados”, en la misma dirección, José Medina, presidente del Centro de Estudiantes de la Escuela de Medios Audiovisuales de la Universidad de Los Andes, asegura: “el festival de cine para mí es una vitrina, como tener un termostato que indique cómo está el audiovisual en Venezuela porque reúne personas de gran importancia en la industria del país, también hay las muestras de cine, largometrajes o producciones de alto presupuesto como también muestras de cortometrajes, y de universidades que se encargan de hacer cine en Venezuela, formando a los estudiantes, y los talleres, entonces se puede ver dónde estamos parados”.

Carolina Rodríguez, productora de animación y fundadora de Lulo Motion opina: “Yo pienso que toda iniciativa de producción, de difusión, de intercambio, de espacio para que la gente se conecte y conozca lo que hacen otros, y aparte como plataforma del cine venezolano, es totalmente positivo para el país, y creo que este festival, porque hay muchos otros, ha hecho una labor bastante importante dentro de lo que todo esto ha significado”, comenta, continuando con que el festival “es uno de los más importantes, sobre todo porque Mérida viene con una tradición desde la Escuela de Medios Audiovisuales, que ha sido cuna de grandes cineastas, pensadores e intelectuales, igualmente en el campo de la animación.”

La otra parte

En contraste con lo antes planteado, en el ámbito del cine siempre serán recurrentes las situaciones y aspectos a mejorar, como explica la propia Karina, quien supone que errores hay “muchísimos, yo veo huecos y  malas costuras por todos lados, la verdad es que soy una workaholica horrible, entonces, yo percibo el festival como una cosa íntegra y me molesta mucho conseguirle huecos, remates mal hechos, o costuras hechas a mano cuando pueden ser hechas a máquina. Todos los años hay cosas que superar. Anoche le comentaba a alguien que al paso que íbamos, nos faltaban unos 20 años para hacer un festival bien, y por eso nos esmeramos.”

Karina Gómez Franco| Foto: Ángel Zambrano

En esta misma línea se suma Medina, quien comparte puntos a mejorar del propio festival, cuestionando el hecho de que los itinerarios y cambios en el programa son recurrentes, y muchas veces la información de los mismos, o de los aspectos generales del propio festival son de difícil acceso o inaccesibles en muchos casos, a la vez que indica la falta de cines en Mérida, en comparación a otros estados del país, “aunque es algo que se escapa de las manos del propio festival”, reconoce.

Muchas de las situaciones que se le presentan a quienes conforman un nuevo proyecto, incluso a propuestas como este festival, con 11 años de trayectoria, es la situación por la que está atravesando el país, como menciona Salaverría: “El festival ha mejorado mucho, ha tenido momentos buenos y malos, pero también considero que es depende de cómo esté el país en ese momento, porque el país a veces puede estar en una situación en la que puede haber un festival y a veces no”, pero estos indicadores nos muestran un camino, un sendero que poco a poco va abriéndose paso hacia el avance, y que a pesar de lo que se pueda presentar, lo que representan 90 proyecciones y más de 15 talleres en solo tres días de desarrollo del festival, son muestra de que hay gente dispuesta a seguir trabajando y proponiendo nuevos horizontes que alcanzar.

En palabras de la propia Karina, vemos esa “evolución” de la que fue testigo Mérida este año: “Nosotros arrancamos este festival con el eslogan ‘Vaya al cine, compre su ticket y vea cine venezolano’, y recuerdo que para ese tiempo las personas no iban a las salas de cine a eso, pero con la promoción, con el ruido, la gente empezó a interesarse, tanto así que 3 años después tuvimos una película con 3 millones de espectadores, como lo fue La hora cero, hoy en día las películas van desde 700 mil hasta 1,5 millones de espectadores, o sea que evidentemente, con las políticas del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), el impulso que el festival le ha dado al cine, la cantidad de prensa y divulgación que tenemos, que es una de nuestras prioridades, y los encuentros con los estudiantes de todas las universidades, creo que, hoy en día, el llegar al público es como una prueba superada.”


El futuro del área audiovisual en el país es algo que no se puede predecir, pero el camino tiene un portal prometedor, y encuentros como este festival son los que permiten que el ancho y el largo de esta ruta, difícil pero satisfactoria de construir y recorrer, se expandan cada vez más, descubriendo e innovando el qué y el cómo se cuenta, se muestra y se vive la experiencia cinematográfica, desde la realización hasta la recepción del público. Las nuevas generaciones tienen algo que contar, y las más experimentadas tienen algo que enseñar, y el festival de Mérida es un lugar para que todo esto siga siendo posible.

Ingresa a:
                  Fundearc
                  Lulo Motion

Páginas: Fundearc
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miércoles, 17 de junio de 2015

Por Lisseth Rivero

            Por la baja estatura, delgado, color de piel blanca y un acento extranjero (posiblemente argentino), se distingue a Luciano Taffetani, quien impartió el taller “Hacia una experiencia más inmersiva” en el marco del Festival de Cine Venezolano 2015, en Mérida.

            Se apagan las luces en la sala, la gente disminuye el volumen de la voz y aparece una proyección con el logo de Dolby. “El cine es un binomio entre arte e industria”, comienza diciendo Taffetani en su ponencia, la franquicia ha mejorado a nivel de proyección, gracias a las novedades tecnológicas que se implementaron como el 3D y 4D en las salas.

            Dolby Atmos nace como una propuesta para trabajar un audio cercano a las sensaciones, que se base objetos y no canales (como se presenta el formato estéreo), con una precisión sonora. De manera que el sistema 7.1, simula un sonido realista (con tonos de agitación y sonidos estáticos).

            Detiene su ponencia para proyectar unos videos donde la presentación de Dolby visión muestra cómo quieren hacer de su modelo un impulso para integrar los diseños a las con  imágenes tan sensoriales que hacen que la lluvia “casi se sienta caer”.

            Dice como punto último que en Venezuela se plantea el proyecto de integrar la primera sala Dolby 5.1 este año, sistema de sonido que también se conoce como Surround, el cual ofrece una optimización de la reproducción sonora.

Fotografía por Lotty Guerra

martes, 16 de junio de 2015

Por Lotty Guerra
María Eugenia “Cocó”. Fotografía: Vía Web - Fundearc.org
El Festival del Cine Venezolano 2015 rindió homenaje a la trayectoria de María Eugenia “Cocó” Jácome, productora y realizadora audiovisual. Cocó transforma los pensamientos y sueños de otros, utiliza un lenguaje que transforma en imágenes, ¡cuántas historias con magia!, con una trayectoria admirable esta productora tiene una sensibilidad especial que ha demostrado a lo largo del tiempo.
En su discurso de agradecimiento, traducido de una manera amena, Cocó expresó siempre estar acostumbrada a estar detrás de cámaras y que fue una sorpresa ser la homenajeada del festival.
Con su cabello en un tono marrón rojizo, pero de corte “moderno”, sus manos tomadas por los años de experiencias y una sonrisa afable se dispone a contestar algunas preguntas sobre su carrera, sentada en el extremo de la mesa de un restaurant, María Eugenia Jácome nos platica sobre su camino en el cine.

¿Cuál ha sido su mejor experiencia todos estos años trabajando en el cine?

Bueno, tengo que hablar un poco de algunos comienzos importantes, yo me enamoré del cine prácticamente desde que nací, por la misma sensibilidad que tienes empiezas a darte cuenta  de que todo está lleno de imágenes, yo decidí irme a un lugar a hacer documentales de guerra, por ahí empecé. Me fui enamorando cada vez del ser humano, de toda la capacidad que tenemos de dar con nuestro cuerpo, nuestra inteligencia, sobre todo el venezolano que es un ser tan hermoso. Después de esa experiencia de guerra que no fue en Venezuela sino en otro país, vine a hacer películas, la primera película que hice, luego de esa experiencia, fue “Macu, la mujer del policía, la hice como asistente de producción y comenzó mi carrera cinematográfica.

Definitivamente, el cine es una pasión y es como una militancia con la vida, todo lo que te produce el cine como ser humano; te da metodología, te concentra, te llena de vida, fue así como dije: “de aquí en adelante yo lo que quiero es hacer esto”. He tenido varias experiencias y la última experiencia que he tenido más enriquecedora fue hacer “Libertador”, yo tengo mucho tiempo con Alberto Arvelo (Beto para los amigos), soy productora con él en otros proyectos y cuando me habló de “Libertador”, hace nueve años, hicimos un team. Pasaron muchos años en cuales cada quien hizo lo que tenía que hacer, y luego Alberto me llamó el año antepasado para decirme: “Coqui (a mí me dicen Cocó) no hago Libertador, si no estás conmigo”. Y eso para mí fue un honor enorme, una producción de esa naturaleza, te hablo de esta película porque ha sido un poco cuestionada por el tema del dinero, y creo que es injusto en un sentido muy laboral como producción porque son películas con mucha exigencia, donde cualquier detalle te puede tomar la película. Beto tuvo años armando esta película en la que dio su vida y todo su ser por ella, creo que se merecía todo lo que hicimos por la película, toda la gente que lo apoyo no solo de Venezuela sino de otros países. Bueno, eso es lo que tenemos que aportar, hacer trabajos dignos y buscar no perder los sueños y no importan las críticas. Seguir adelante, eso es a lo que yo apuesto en esta generación.

La última película que hice fue “Hijos de la Sal”, una experiencia maravillosa en una locación que iba con todos los pronósticos de viento, no había Internet, no había nada, estábamos en la nada, y logramos un proyecto tan hermoso con puro amor y militancia, creyendo en lo que hacíamos y esas son mis últimas dos experiencias.

Anteriormente, el cine venezolano se desarrollaba más de una manera empírica, pero actualmente los jóvenes se están especializando, ¿qué puede decir usted que la anterior generación le dejó a esta nueva generación que viene con las bases de escuelas?

Le abrió los caminos definitivamente, muchas personas con las que yo he hablado de mi generación comenzaron lavando baños para lograr entrar a un set, se lo tenían que ganar y lavaban baños con aquella dignidad. Ahora toda esta nueva generación tiene todo como armado, pero acuérdate de algo, el medio del cine es tan mágico que es matemático, si la persona no funciona el mismo medio te saca, por eso, creo que a pesar de que se tiene toda la plataforma para que los jóvenes hagan cosas que a nosotros nos costó mucho, hay que hacerlo de verdad con amor, creyendo lo que uno hace, si no chao, te sacan.

Masato Cultural

Espacio de promoción cultural dirigido por estudiantes de la carrera de Comunicación Social, cuyo fin es informar periodísticamente sobre los eventos culturales realizados en el estado Táchira, Venezuela

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